En el frágil y lejano ecosistema de la Antártida, el investigador colombiano Paulo Tigreros sumerge una red para recolectar partículas diminutas. Sabe que la presencia de microplásticos en uno de los rincones mejor conservados del mundo es un termómetro sobre la contaminación del planeta.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *