En China, hasta las limosnas son virtuales

La revolución del dinero electrónico podría llevar al papel moneda a la extinción en el país que lo vio nacer.

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Son las 10 de la noche en Sanlitum, una de las zonas más vibrantes de la capital china, cuando un joven habilita su puesto de karaoke itinerante en un hueco en la vereda. Los transeúntes se transforman al mismo tiempo en estrellas y espectadores, en una rotación que se extenderá por horas. No hay una “gorra” para colaboraciones, sino un pequeño recorte plastificado con un código QR que quienes disfrutan de sus servicios deberán escanear con sus teléfonos para realizar un desembolso virtual. Más adelante en la misma cuadra, un indigente usa el mismo sistema para aceptar limosnas. En metrópolis como Pekín y Shanghái, y ahora hasta en pueblos recónditos del interior, el pago electrónico es la opción con mayor proyección para todo tipo de transacciones, desde compras de viviendas hasta comida callejera, una revolución que podría llevar al papel moneda a la extinción en el país que lo vio nacer.

Un informe divulgado este mes por el Banco Popular de China dejó en evidencia el volumen de aceptación de este método, que convierte a las billeteras en un objeto obsoleto. En 2018, el monto de las operaciones alcanzó un valor de 277 billones de yuanes, 27 veces más que en 2013, un fenómeno apuntalado por la tecnología financiera, representados en estos lares por aplicaciones como WeChat pay o Alipay, este último, perteneciente al gigante electrónico Alibaba. Abonar con el celular está tan extendido que de 724 millones de usuarios de telefonía móvil, unos 583 millones han utilizado el sistema, un 10% más que en 2017, reveló el Centro de Información de Internet local.

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¿Cuán lejos se puede llegar en China sin dinero en efectivo o tarjetas de crédito en el bolsillo? “No siento que haya demasiados límites”, responde en inglés el joven Cheng en una cafetería de la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín. Oriundo de la provincia de Shaanxi, en el centro del país, admite que sólo carga con unos billetes para enfrentar alguna emergencia, como quedare sin batería.

“Compro todo tipo de productos, desde la comida hasta pasajes de larga distancia”, detalla y continúa, “puedo llegar hasta la casa de mis padres sin tocar un solo yuan”. Sin embargo, admite que los adultos de su familia aún se resisten a adoptar el sistema, relativamente nuevo. “No confían en lo que ven en el teléfono”, comenta. Cheng ordena un té frío en el mostrador, genera en su teléfono un código QR que estará disponible por un minuto con el valor del pedido, y el cajero lo escanea con para aceptar el pago.

Las aplicaciones están vinculadas con las cuentas bancarias y tarjetas de crédito del usuario, pero para acceder al plan estar bancarizado no es un requisito excluyente. El indigente que pedía en la calle, por ejemplo, recibirá las donaciones en un “monedero” virtual que podrá utilizar para adquirir lo que necesite, aunque no podrá retirar metálico.

“En China la bancarización no ha llegado al nivel de países de Occidente, por lo que muchos ciudadanos han llegado antes al pago en la red que a la propia tarjeta bancaria. Además, el comercio electrónico tiene un peso muy importante sobre el total de la distribución minorista entre otras cosas porque el proceso de urbanización chino no está terminado”, explica Luis S. Galán, CEO de 2 Open China, a Ámbito Financiero. “A esto se le suma una penetración alta del móvil y de internet, una población joven que acepta rápido nuevas tecnologías y un Gobierno favorable que ha impulsado campeones nacionales en la economía nacional”, agregó.

Por otra parte, la expansión está alentada por el crecimiento del comercio online, en momentos en que los chinos reniegan cada vez más de los comercios tradicionales para comprarlo todo en plataformas como Taobao, también del grupo Alibaba. La plataforma simplifica las operaciones y permite una transacción inmediata y libre de las comisiones que usualmente cobran las entidades típicas. Cualquier emprendedor puede cobrar su dinero en un abrir y cerrar de ojos.

Con todo, su propagación va atada a crecientes preocupaciones: un 65,5% de los clientes ha manifestado su temor por la seguridad de su dinero, informó de la Asociación de Pagos y Compensación de China. “Al riesgo tecnológico, de cierta vulnerabilidad ante la eventualidad de pirateos o roturas en la red, se suma el riesgo para la privacidad de las personas”, indicó Galán.

Quienes halagan la implementación de este medio subrayan que uno de los aspectos más atractivos es la posibilidad de eliminar las fronteras entre las zonas urbanas y el interior menos desarrollado y favorecer la circulación de capital. Fenghuang, un pequeño pueblo de la provincia de Hunan (sureste), conocido por el excelente estado de conservación de las viviendas típicas, recibe cientos de visitantes por día. Pero lejos de los callejones más transitados, la localidad exhibe su cotidianidad rural.

En un restaurante distanciado de las muchedumbres, pagar con 100 yuanes (el billete de mayor circulación, equivalente a 15 dólares) una comida de 55 puede tornarse de repente un dolor de cabeza. La moza insistirá en vano con señalar reiteradamente el celular hasta finalmente recolectar entre sus compañeras los 45 de vuelto. Así como allí un billete rojizo con la cara de Mao llevó las manos a la cabeza a esa trabajadora, muchos negocios aceptan sólo transferencias virtuales. Sucede lo mismo con algunas máquinas expendedoras de bebidas o golosinas y hasta algunos taxis.

Su expansión ha sido tan arrolladora que el Banco Central debió anunciar medidas contra el rechazo de los comercios a aceptar dinero físico, sobre todo en zonas turísticas. La pregunta es si el sistema tendrá un techo o seguirá creciendo hasta convertir al dinero en algo intangible.

Fuente: Ambito

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