Leópolis (Ucrania), 24 abr (EFE).- Cuarenta años después de la catástrofe nuclear de Chernóbil, la planta en el norte de Ucrania vuelve a suponer una amenaza para el medioambiente y la salud en el país invadido y más allá, ya que los daños y riesgos derivados de los ataques rusos interrumpen los planes para reemplazar el envejecido sarcófago que aísla toneladas de materiales radiactivos.

El esfuerzo de varios años de Ucrania y sus socios de minimizar los riesgos se ha visto amenazado por un ataque con drones en febrero de 2025 que dañó el Nuevo Confinamiento Seguro (NCS), una gigantesca estructura diseñada para permitir el desmantelamiento seguro del antiguo escudo protector en su interior.
El ataque ruso, que analistas ucranianos consideran deliberado, ha frenado el esfuerzo que costó 2.100 millones de euros por proteger el cuarto reactor que explotó en 1986, declaró a EFE Olga Kosharna, cofundadora del Centro Nuclear de Expertos Anticrisis de Ucrania.
Riesgos en aumento
El ataque implica que el NCS ya no cumpla plenamente su función: aislar cualquier posible liberación de materiales radiactivos.
Pese a que el agujero provocado por el ataque ruso en la estructura de 36.000 toneladas fue cubierto y no sufrió daños estructurales críticos, los bomberos perforaron aproximadamente 330 agujeros para extinguir el incendio tras el bombardeo.
Esto comprometió aún más la impermeabilidad de la estructura, permitiendo además la entrada de agua que podría acelerar la corrosión.
El 50 % de la importante membrana sintética en el lado norte se quemó y deberá ser reemplazada, de acuerdo con un informe de la ONG ecologista Greenpeace elaborado por el ingeniero Eric Schmieman, quien participó en la creación del NSC.
Esto ha detenido los trabajos de desmantelamiento del antiguo sarcófago y acortará la vida útil del NCS.
«El ataque con drones rusos aumentó el riesgo de que el sarcófago colapse antes de que pueda ser desmantelado de forma segura», afirmó Shaun Burnie, de Greenpeace Ucrania.
Planes postergados
Las reparaciones podrían durar unos cuatro años, con un coste estimado de 500 millones de euros conforme al Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD).
Aunque el NCS podría desplazarse sobre raíles, los trabajos se realizarán directamente sobre el antiguo sarcófago, a pesar de los mayores niveles de radiación en esa zona.
El NCS sigue protegiendo físicamente el sarcófago de los drones rusos, explicó a la agencia UNIAN Serguí Tarakánov, director de la planta que fue ocupada brevemente por Rusia en 2022.
Asegura que los niveles de radiación se mantienen estables y que el sarcófago no enfrenta un colapso inminente, pero cualquier daño grave podría provocar una dispersión impredecible de materiales radiactivos por Europa.
«Las reparaciones podrían no tener mucho sentido si Rusia vuelve a atacar», comentó Kosharna, quien señaló que la explosión de un misil ruso cercano equivaldría a un terremoto.
«Es difícil comprender la magnitud de las condiciones mortales dentro del sarcófago. Hay toneladas de combustible nuclear, polvo y escombros altamente radiactivos», añadió también Schmieman.
