
La producción industrial de insectos comienza a ganar espacio como una nueva frontera de la bioeconomía. Molitor desarrolla una tecnología para criar a gran escala el llamado gusano de la harina. Y lo transforma en proteínas, aceites y biofertilizantes para alimento de mascotas y agricultura sostenible.

Mientras el mundo busca fuentes de proteínas más eficientes y con menor impacto ambiental, una startup radicada en la ciudad santafesina de Rafaela decidió apostar por un protagonista poco convencional: el “Tenebrio molitor”, la larva de un escarabajo conocida popularmente como “gusano de la harina”.
A partir de ese insecto, Molitor desarrolla ingredientes para nutrición animal y productos para agricultura bajo un modelo basado en economía circular, con la expectativa de escalar hacia una producción industrial en la Argentina
La denominación de la empresa -Molitor- remite al insecto que constituye su materia prima principal, aunque el objetivo trasciende ampliamente la simple cría de larvas.
El modelo apunta a construir una biorefinería capaz de obtener distintos ingredientes especializados destinados a múltiples industrias, desde nutrición animal hasta fertilización agrícola.
El emprendimiento surge de la iniciativa de los ingenieros Matías Becherini e Ignacio Sola, quienes durante experiencias laborales en Asia observaron el desarrollo que ya tenía la industria de los insectos en Europa y otros mercados.
Esa exposición les permitió identificar una oportunidad: mientras en otras regiones la producción de proteínas derivadas de insectos avanzaba con rapidez, en la Argentina y gran parte del Cono Sur todavía era un segmento prácticamente inexistente.
Decidieron entonces trasladar ese conocimiento y adaptarlo a las condiciones locales para convertirse en uno de los primeros jugadores de esta nueva industria.
La empresa encontró un ámbito propicio para comenzar su desarrollo en la incubadora del INTA Rafaela, donde instaló sus primeros sistemas de cría y comenzó a trabajar en protocolos propios para la reproducción del insecto y el procesamiento industrial de sus derivados.
El objetivo fue desde el principio construir una plataforma tecnológica y no simplemente una granja de insectos, desarrollando procesos capaces de escalar con estándares industriales.
Un modelo de negocio basado en la economía circular
El corazón del modelo de negocios consiste en aprovechar integralmente el ciclo biológico del Tenebrio molitor. Las larvas son procesadas para obtener una harina rica en proteínas y un aceite con aplicaciones en nutrición animal.
Por otro lado, los residuos biológicos del proceso se transforman en fertilizantes orgánicos de alto valor agronómico. Incluso otros componentes permiten la obtención de quitina y quitosano, compuestos con potencial para diferentes aplicaciones industriales y agrícolas.
“La idea surge en Europa, donde mi socio y yo vivíamos previamente, observamos que en Asia y tanto en Europa ya tiene una industria bastante madura y notamos que en Sudamérica no se encontraba desarrollada, con lo cual tomamos la iniciativa de empezar a desarrollar en forma local tecnologías y procesos para poder lograrlo a escala industrial con un costo competitivo. En unas bandejas especiales diseñadas por nosotros, criamos a escala industrial en unos almacenes, granjas verticales, el insecto en un sustrato seco, que es salvado de trigo”, explicó Matías Becherini durante la reciente edición de Agroactiva, según el sitio especializado Agrofynews.
La elección de esta especie responde tanto a cuestiones nutricionales como productivas. Según explican sus fundadores, el Tenebrio molitor presenta un perfil completo de aminoácidos, buena digestibilidad y una biología que facilita la producción controlada a gran escala.
Además, su ciclo de vida relativamente corto permite generar biomasa de manera eficiente utilizando recursos significativamente menores que los requeridos por otras fuentes tradicionales de proteína animal.
Uno de los aspectos más destacados del proyecto es su inserción dentro de los principios de la economía circular. En lugar de depender exclusivamente de insumos destinados a la alimentación humana, el sistema aprovecha corrientes orgánicas para alimentar a los insectos, que luego convierten esos nutrientes en proteínas de alto valor agregado. Ese enfoque reduce desperdicios y disminuye la presión sobre recursos naturales como tierra cultivable y agua.
La startup sostiene que su tecnología permite obtener proteínas de alta calidad utilizando una fracción de los recursos requeridos por la ganadería convencional.
En su presentación institucional señala que la producción puede representar importantes reducciones en consumo de agua, utilización de superficie y emisiones de gases de efecto invernadero respecto de sistemas tradicionales de producción proteica.

El gusano de la harina, la materia prima de Molitor.
Alimentos para mascotas, el mercado objetivo
Los primeros mercados objetivo no son el consumo humano sino la alimentación animal. La empresa orienta inicialmente su harina proteica hacia alimentos premium y superpremium para mascotas, donde los ingredientes funcionales y las proteínas alternativas tienen una creciente demanda internacional.
Paralelamente visualiza oportunidades para acuicultura, avicultura y otros segmentos especializados que buscan reemplazar parcialmente ingredientes convencionales como harina de pescado o soja.
El aceite derivado del insecto constituye otra línea de desarrollo. Gracias a su perfil lipídico y características funcionales, puede utilizarse como ingrediente en formulaciones destinadas a nutrición animal especializada.
A ello se suma la producción de biofertilizantes obtenidos a partir del denominado “frass”, el material residual generado por los insectos durante su crecimiento, rico en materia orgánica y compuestos beneficiosos para los suelos.
Esta estrategia de valorización integral busca que prácticamente ninguna parte del proceso se desperdicie. El resultado es un esquema en el que cada componente del insecto o de su producción encuentra una aplicación comercial, mejorando la rentabilidad potencial y reduciendo el impacto ambiental del sistema.
