Colectivo en Ecuador honra a las personas desaparecidas de la dictadura argentina

Quito, 26 ene (EFE).- El colectivo ecuatoriano Bordar la Ternura se sumó este lunes a las conmemoraciones por los 50 años del golpe de Estado militar en Argentina con un encuentro de bordado en memoria de las personas desaparecidas durante la dictadura, realizado en la Facultad de Comunicación Social, de la Universidad Central del Ecuador.

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La actividad, titulada ‘No me olviden’ y bajo el lema ’30 mil agujas por los desaparecidos’, se realizó en coordinación con el colectivo argentino Bordando Luchas y consistió en el bordado colectivo de imágenes textiles y nombres de personas desaparecidas.

El encuentro, con amplia participación de estudiantes de la Facultad de Comunicación, incluyó un acto de presentación en el que se leyeron nombres de desaparecidos tanto en Argentina como en Ecuador.

El bordado como herramienta política

La integrante de Bordar la Ternura, Erandy Villavicencio, explicó a EFE que el bordado ha sido históricamente asociado a la domesticación de las mujeres, pero recordó que en América Latina se ha empleado como una herramienta política y de memoria.

«En el arpillerismo y el bordado latinoamericano encontramos relatos de mujeres que contaban lo que estaba sucediendo durante las dictaduras a través de una gráfica textil», reivindicó.

Villavicencio añadió que en los últimos años el bordado también se ha convertido en Ecuador y Latinoamérica en un espacio para nombrar a personas asesinadas y víctimas de violencia.

Durante el acto alzó la voz Ruth Montenegro, madre de Sofía Valentina Cosíos, niña de 11 años víctima de feminicidio en 2016, quien recordó que su hija fue reportada como desaparecida sin que se activaran protocolos de búsqueda.

«Nos negamos a silenciarnos, nos negamos a olvidar y mantenemos viva la memoria de nuestras hijas y la exigencia de justicia», expresó a EFE.

Entre los asistentes estuvo Mauricio Piñeiro, estudiante de 21 años, quien señaló que el bordado le permitió cuestionar estereotipos de género. «Estos espacios nos ayudan a darnos cuenta de que no está mal hacerlo y que es necesario abrirnos a nuevos horizontes», reconoció a EFE.

Por su parte, Daniela Vicente, de 19 años, destacó el bordado como una forma de resistencia y de encuentro comunitario. «Considero que es una forma de resistencia frente a la dictadura que ha habido”, señaló, antes de agregar que “es una herramienta que nos permite conectar en comunidad y conocer la historia de otras personas”. 

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