
El brote de sarampión en México entró en una fase crítica luego de que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) otorgara una prórroga de dos meses para frenar la transmisión y evitar la pérdida de la certificación sanitaria.
En un escenario de alta presión para la salud pública, el sarampión en México enfrenta el riesgo inminente de perder el estatus de país libre de transmisión endémica si no logra cortar la cadena de transmisión del dentro del plazo señalado. La prórroga otorgada por la OPS se interpreta como una ventana corta para contener el brote epidemiológico, que ya se extendió a las 32 entidades federativas, con un epicentro identificado en Chihuahua, Jalisco y Chiapas.
La respuesta institucional se concentra ahora en acelerar la vacunación y robustecer medidas de control en territorios con alta movilidad. El objetivo operativo inmediato es elevar coberturas hasta el umbral considerado indispensable para interrumpir la propagación del virus.
Brote de sarampión en México y la cuenta regresiva hacia la revisión del 13 de abril de 2026
El secretario de Salud, David Kershenobich, confirmó que México fue citado a una revisión técnica definitiva el 13 de abril de 2026. Esta fecha marca un hito: la evaluación se realizará bajo el contexto de una prórroga de dos meses otorgada por la OPS para frenar el brote y sostener el estatus sanitario.
Hasta enero de 2026, el país acumuló 7,131 casos confirmados y 24 defunciones, cifras que, en el marco descrito, configuran un riesgo directo para la certificación internacional. El criterio de mayor impacto, según lo informado, es la persistencia de la circulación del virus: si se mantiene por más de un año de forma ininterrumpida, la certificación se perderá irremediablemente.
En la narrativa técnica planteada, el elemento que define el desenlace no es solo el número absoluto de casos, sino la continuidad sostenida de transmisión que puede reconfigurar el estatus sanitario internacional del país.
Cobertura de vacunación del 95% como meta para cortar la transmisión
La estrategia de la Secretaría de Salud (SSA) se centra en intensificar la vacunación con una meta explícita: alcanzar 95% de cobertura, nivel descrito como indispensable para cortar la cadena de transmisión. La focalización responde a dos realidades simultáneas: la expansión nacional del brote y la identificación de grupos con mayor vulnerabilidad clínica o programática.
En esa misma línea, se plantea que el resurgimiento del sarampión señalado como “más contagiosa que el COVID-19” exige una respuesta sanitaria intensiva, con énfasis en inmunización rápida, detección oportuna y acciones de contención territorial. El desafío operativo es lograr que la vacunación alcance a población rezagada, y que el control no se limite a campañas generales, sino que cierre brechas identificadas en territorios específicos.
Menores de 1 a 4 años y adultos jóvenes con esquemas incompletos como población vulnerable
El reporte identifica un perfil de vulnerabilidad por edad: el grupo más expuesto son los menores de uno a cuatro años, seguido por adultos jóvenes que no cuentan con esquemas completos. Este detalle es relevante desde una lectura de riesgo sanitario porque describe tanto una población pediátrica en la que la protección depende críticamente del calendario y la oportunidad de vacunación, como un segmento adulto con rezagos que pueden sostener cadenas de transmisión en entornos comunitarios y laborales.
En términos de salud pública, el foco en estos grupos refuerza una idea clave del abordaje: la contención depende de cerrar brechas concretas, no solo de aumentar cifras agregadas. La efectividad del control se jugaría, en gran medida, en la capacidad de identificar y vacunar a quienes están fuera de esquema o con esquemas incompletos.
