Investigadores de la FAUBA lograron un avance biotecnológico que mejora la respuesta del cultivo frente al estrés hídrico y las altas temperaturas. El desarrollo, que ya cuenta con una patente internacional, podría aplicarse a otras especies de importancia agrícola.

Un equipo multidisciplinario de científicos argentinos concretó un descubrimiento que promete reconfigurar los límites productivos de la papa frente a los desafíos que impone el calentamiento global.
Investigadores del Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (IFEVA), dependiente de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), lograron un desarrollo innovador: mediante la manipulación de los mecanismos genéticos de la planta, consiguieron aumentar los niveles de rendimiento del cultivo bajo condiciones severas de estrés hídrico y temperaturas elevadas.
Se trata de un logro de alto impacto para las regiones productivas que sufren regímenes de lluvias cada vez más erráticos.
El trabajo de investigación estuvo liderado por los especialistas Javier Botto y Deborah Rondanini, quienes coordinaron los esfuerzos de docentes y técnicos de la alta casa de estudios.
El foco de la investigación se centró en descifrar cómo las plantas administran el agua de manera eficiente. Al identificar y modificar el comportamiento de ciertos genes específicos vinculados al uso eficiente del recurso, los científicos consiguieron que las plantas de papa sostengan mejores niveles de fotosíntesis, incluso cuando se encuentran bajo la presión de la escasez de agua y el calor agobiante.

Ciencia aplicada a la mesa global
“La papa sigue siendo un pilar fundamental para la seguridad alimentaria y también para el progreso económico global. Es un cultivo estratégico porque permite pensar respuestas concretas frente al hambre y, al mismo tiempo, generar innovación aplicada al sistema agroalimentario”, detalló Rondanini al evaluar las implicancias de este descubrimiento.
La relevancia de este proyecto radica en que la papa no solo funciona como un fin en sí mismo, sino también como un “cultivo modelo”. Esto significa que los procesos biológicos comprendidos y las herramientas de edición desarrolladas en este laboratorio pueden ser replicadas en el futuro en otras especies vegetales de enorme valor comercial y alimenticio.
La científica precisó que el equipo trabaja con lo que denominan “genes blancos”, que son aquellos encargados de gobernar las respuestas defensivas y adaptativas de los vegetales ante los embates de su entorno. Al precisar cuáles son y cómo operan, se vuelve viable diseñar nuevas herramientas biotecnológicas que den origen a variedades mucho más resilientes.

El impacto de este descubrimiento ya trascendió los límites de las publicaciones académicas: la investigación se consolidó en una patente internacional gestionada en conjunto con el CONICET, un paso legal y comercial indispensable que viabiliza la transferencia tecnológica directa hacia el sector productivo privado y fomenta prácticas ligadas a la agricultura sostenible.
Para los directores del proyecto, el verdadero valor de estos descubrimientos se proyecta mucho más allá del laboratorio. La utilización de la transgénesis representó la llave de acceso al conocimiento profundo de la planta, permitiendo descifrar las respuestas genéticas clave.
Con esa información consolidada, el horizonte científico se orienta hacia la edición génica, una técnica que cuenta con una aceptación social mucho mayor y que posee un potencial extraordinario para optimizar de manera directa cultivos masivos como el tomate o la soja en escenarios climáticos restrictivos.
Este avance científico resuena con fuerza a nivel global. Recientemente, el pasado 30 de mayo, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) conmemoró el Día Internacional de la Papa con el propósito de poner bajo los reflectores mundiales la relevancia de un tubérculo indispensable en la dieta de miles de millones de personas, en la mitigación de la pobreza extrema y en el sostén de las economías de los pequeños productores.
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Con más de cinco mil variedades registradas a lo largo de todo el planeta, la papa resguarda una diversidad genética que resulta vital para asegurar la estabilidad alimentaria del futuro.
Al proteger el rendimiento de este cultivo, la ciencia local aporta soluciones técnicas al campo y respalda las directrices de la FAO, que concibe a este alimento como una herramienta clave de empleo y desarrollo para la agricultura familiar.
