
La Habana, 29 jun (EFE).- La Habana asegura que está preparada para una posible intervención militar de Washington, confiando en que su estrategia de involucrar a toda la población compense su inferioridad tecnológica y armamentística.
Las alarmas sonaron en el Palacio de la Revolución de La Habana el 3 de enero, al conocerse la noticia de que unidades especiales de EE.UU. habían capturado a Nicolás Maduro en Caracas. Un total de 32 cubanos murieron en la operación militar.
Poco después, las autoridades de la isla comenzaron a revisar semanalmente los preparativos de defensa en distintos puntos del país, tanto con los militares profesionales como entre la población general.
El Gobierno cubano desempolvó entonces el manual, diseñado en los años 80, con el concepto de ‘Guerra de todo el pueblo’, una estrategia de desgaste a la vietnamita que no busca repeler una posible invasión, sino hacer humana y materialmente insostenible una ocupación estadounidense.
“Aquí no habrá ni sorpresa ni derrota”, advirtió a principios de mayo el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel.
El Gobierno estadounidense, por su parte, no ha dejado de barajar la opción militar en su campaña de máxima presión contra Cuba y esgrimirla como amenaza contra La Habana, donde las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) tienen un peso determinante en la política.
El secretario de Guerra de EE.UU., Pete Hegseth, viajó recientemente a la base militar de Guantánamo, en el extremo oriental de Cuba, y desde allí advirtió al Gobierno cubano para que no invite “al tipo de confrontación que no solo no quieren, sino que no podrían soportar”.
Más allá de la retórica, los expertos tienen pocas dudas sobre las posibilidades reales de Cuba de confrontar militarmente a EE.UU., aunque también reconocen que una invasión de la isla sería una empresa costosa y arriesgada.
“Una acción del tipo Venezuela no tendría oposición en Cuba. Venezuela tenía una tecnología militar mucho más avanzada y no prestó oposición. Pero una invasión de la isla podría complicar las cosas, podrían entrar en una guerra sucia… ¿Vale la pena?”, se pregunta Siemon Wezeman, investigador del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI).
En entrevista con EFE, Wezeman considera que no se puede clasificar a Cuba como una nación “agresiva” en la región o “una gran amenaza” para EE.UU., y asegura que el armamento de la isla “es el equivalente en términos militares a los carros estadounidenses de los años 50 que aún funcionan en Cuba”.
Asegura que el Ejército cubano en su conjunto está “anticuado” y que el grueso de su material bélico es de los años 70 y 80 del siglo pasado, y que la última entrega de armamento a Cuba documentada por su organización es de hace 22 años.
