Especialistas en clima y geología explican cómo el calentamiento global y la degradación del permafrost multiplican el riesgo de deslizamientos, avalanchas e inundaciones

El colapso glaciar que arrasó la frontera entre Nepal y el Tíbet expuso de manera dramática el riesgo creciente en las zonas de alta montaña: varios expertos advierten que esta tragedia podría haberse producido por la incidencia del cambio climático producto del calentamiento global, que hizo colapsar el glaciar.
En minutos, la avalancha liberó una riada súbita que arrasó comunidades, destruyó viviendas y dejó al menos 538 muertos y más de 1.000 desaparecidos.Así quedó el cañón por el que pasó el alud entre Nepal y China
El nivel del agua en ríos aguas abajo, como el Trishuli, aumentó entre siete y nueve metros en apenas media hora. El Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas detalló que la avalancha de hielo y roca fue tan potente que generó una señal sísmica de magnitud 5,2, confundida en un primer momento con un terremoto.
El Servicio Geológico de Estados Unidos aclaró después que la energía sísmica provenía del mismo deslizamiento glaciar y el flujo de escombros.
La tragedia golpeó al distrito de Rasuwa, en el norte de Nepal, sobre la cuenca del río Bhotekoshi. Videos registrados en la zona mostraron agua, barro y sedimentos impactando contra edificios y carreteras, arrastrando todo a su paso. Imágenes satelitales y análisis posteriores señalaron que el colapso de hielo y roca obstruyó el río Lhende Khola, formando un lago temporal que después cedió, desatando la inundación.
El fenómeno, conocido y temido por especialistas, se vincula con una creciente inestabilidad de las zonas de alta montaña y pone bajo examen el impacto regional del calentamiento global.
Entre el calor extremo y la degradación del permafrost: las causas de fondo
La investigación posterior descartó que lluvias excesivas o tormentas extremas fueran responsables directas del desastre. Göran Ekström, geofísico de la Universidad de Columbia, destacó que los registros meteorológicos no mostraban precipitaciones inusuales antes del evento.
La hipótesis central apunta a un fallo estructural en la masa de hielo y roca, agravado por el calor inusual en la región: sensores instalados a pocos kilómetros del sitio midieron, dos días antes, la temperatura del suelo más alta en los últimos dos años.
El glaciólogo Hamish Pritchard, del British Antarctic Survey, explicó que el calor elevado probablemente debilitó la nieve y descongeló los vínculos entre el hielo y la roca, minando la estabilidad del glaciar. El inicio de la temporada de monzón, al saturar el suelo y aumentar el caudal de los ríos, completó el escenario de riesgo.

