Las restricciones a la circulación de hidrocarburos desde Medio Oriente han generado escasez y desajustes en los sistemas energéticos asiático

El cierre del Estrecho de Ormuz, decisivo para el transporte mundial de energía, ha desencadenado una crisis que trasciende los mercados petroleros, obligando a varios países de Asia a adoptar medidas extremas —como la suspensión de clases, el recorte de la semana laboral y la intervención en precios— para enfrentar los efectos económicos de la guerra en Irán. Con más del 80% de los productos petroleros que cruzan esta vía marítima destinados a Asia en 2024, el impacto se manifiesta en escasez y tensión social, mientras los gobiernos buscan frenar las consecuencias de un conflicto externo que redefine el acceso global a la energía, según informó Axios.

La magnitud de esta interrupción se refleja en las acciones urgentes que implementan diversas naciones. De acuerdo con estimaciones de analistas de JPMorgan citadas por Axios, para el final de esta semana “se espera que los recortes en el suministro de crudo alcancen los 12 millones de barriles diarios, haciendo que el déficit sea altamente visible en los mercados físicos”. Este fenómeno solo podrá equilibrarse, indica el informe, con un recorte comparable en el consumo mundial.
El cierre de universidades públicas y privadas en Bangladesh, la imposición por primera vez en casi treinta años de un tope a los precios del gas en Corea del Sur y las iniciativas de fomento al teletrabajo en Tailandia surgen como respuesta a la escasez y el encarecimiento de la energía. El Financial Times, citado por Axios, precisó que en Pakistán no solo se interrumpieron las clases, sino que se estableció una semana laboral de cuatro días en varias oficinas gubernamentales y se incrementaron los precios del gas. Gobiernos locales en Filipinas recurrieron a jornadas reducidas para funcionarios estatales.
En la India, los efectos han sido especialmente visibles. “La nación más poblada del mundo está inundada de reportes sobre acaparamiento, robos y especulación a medida que los ciudadanos se apresuran a asegurarse cilindros cada vez más escasos de gas licuado de petróleo”, consignó el Financial Times. El sector hotelero de Mumbai ha comenzado a cerrar. Un empresario restaurantero afirmó al Indian Express: “Es como un segundo confinamiento por COVID-19 para nosotros”. Además, la ciudad de Pune suspendió temporalmente las cremaciones a gas debido a las restricciones en el uso de gas licuado, solicitando a los ciudadanos recurrir a madera o electricidad como alternativa.
La explicación reside en el papel del Estrecho de Ormuz: el 20% del petróleo y productos energéticos del mundo transita por ese corredor marítimo, cuyo cierre por Irán elevó los precios y generó escasez inmediata. La crisis abarca no solo petróleo crudo, sino también diésel, combustible de aviación y gas licuado, todos productos vitales para calefacción y cocción en múltiples países.
Europa comienza a experimentar el aumento de los precios del gas, con la Unión Europea planteando la posibilidad de establecer topes y otras medidas frente a una subida que repercutiría en el coste de la electricidad. Japón ha ejecutado la mayor liberación de reservas petroleras de su historia en un intento por estabilizar los precios y proteger su economía.
