La histórica cooperativa ingresó en su momento más crítico. La decisión, confirmada por el gremio ATILRA, expone años de deterioro productivo, conflictos y negocios fallidos.

La escena ya no sorprende, pero sí impacta. La cooperativa SanCor, símbolo durante décadas de la industria láctea nacional, pidió su propia quiebra ante la Justicia de Rafaela y formalizó así un desenlace que en el sector muchos consideraban inevitable.
El expediente, que se tramita en el Juzgado de Primera Instancia de Distrito 5 en lo Civil y Comercial de la Cuarta Nominación, recoge los indicadores de un deterioro profundo: cesación de pagos, insolvencia generalizada y una estructura que ya no logra sostenerse.
La confirmación llegó desde la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (ATILRA), el gremio que nuclea a los trabajadores, a través de un comunicado contundente. Allí se detalla que la empresa acumula una deuda cercana a los US$120 millones —entre compromisos en moneda extranjera y pesos— y arrastra además un pasivo que sigue creciendo mes a mes.
Pero los números, aunque elocuentes, no alcanzan para explicar el cuadro completo. Detrás de ellos hay una empresa que dejó de pagar sueldos hace ocho meses, que adeuda aguinaldos y que, según denuncias sindicales, incluso habría incurrido en irregularidades en la liquidación de haberes.

El derrumbe anunciado
La intervención judicial dispuesta meses atrás ya había marcado la gravedad del cuadro. El juez Marcelo Germán Gelcich había señalado problemas estructurales: falta de información contable clara, incumplimientos reiterados y una crisis laboral que escalaba sin freno.
El pedido de quiebra, en ese contexto, aparece más como la formalización de un estado de hecho que como una sorpresa.
