Sancor pidió su propia quiebra: debe US$120 millones y ocho meses de salarios

La histórica cooperativa ingresó en su momento más crítico. La decisión, confirmada por el gremio ATILRA, expone años de deterioro productivo, conflictos y negocios fallidos.

La histórica cooperativa láctea atraviesa su momento más crítico tras solicitar la quiebra en medio de una profunda crisis financiera y productiva. (Foto: SanCor).
La histórica cooperativa láctea atraviesa su momento más crítico tras solicitar la quiebra en medio de una profunda crisis financiera y productiva. (Foto: SanCor).

La escena ya no sorprende, pero sí impacta. La cooperativa SanCor, símbolo durante décadas de la industria láctea nacional, pidió su propia quiebra ante la Justicia de Rafaela y formalizó así un desenlace que en el sector muchos consideraban inevitable.

El expediente, que se tramita en el Juzgado de Primera Instancia de Distrito 5 en lo Civil y Comercial de la Cuarta Nominación, recoge los indicadores de un deterioro profundo: cesación de pagos, insolvencia generalizada y una estructura que ya no logra sostenerse.

La confirmación llegó desde la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (ATILRA), el gremio que nuclea a los trabajadores, a través de un comunicado contundente. Allí se detalla que la empresa acumula una deuda cercana a los US$120 millones —entre compromisos en moneda extranjera y pesos— y arrastra además un pasivo que sigue creciendo mes a mes.

Pero los números, aunque elocuentes, no alcanzan para explicar el cuadro completo. Detrás de ellos hay una empresa que dejó de pagar sueldos hace ocho meses, que adeuda aguinaldos y que, según denuncias sindicales, incluso habría incurrido en irregularidades en la liquidación de haberes.

Sancor pidió su propia quiebra: debe US$120 millones y ocho meses de salarios

El derrumbe anunciado

La intervención judicial dispuesta meses atrás ya había marcado la gravedad del cuadro. El juez Marcelo Germán Gelcich había señalado problemas estructurales: falta de información contable clara, incumplimientos reiterados y una crisis laboral que escalaba sin freno.

El pedido de quiebra, en ese contexto, aparece más como la formalización de un estado de hecho que como una sorpresa.

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