El destete precoz y mejoras genéticas impulsan la eficiencia en zonas marginales, consolidando el crecimiento del rodeo en el diferentes zonas de Mendoza.

Ganadería bovina en Malargüe.
El crecimiento de la ganadería vacuna en el secano mendocino encuentra en la capacitación y la incorporación de herramientas técnicas un eje clave. En Malargüe, el ingeniero Adrián Orozco destacó el rol del destete precoz para sostener la productividad, mejorar la eficiencia reproductiva y adaptarse a condiciones ambientales cada vez más exigentes.
En el sur provincial, donde las limitantes climáticas y forrajeras condicionan históricamente la actividad, comienzan a consolidarse señales de recuperación. Así lo expresó el ingeniero zootecnista Adrián Orozco, de la Estación Experimental Agropecuaria INTA Rama Caída, al referirse a un “nuevo reverdecer de la ganadería”, especialmente en las zonas más marginales de Mendoza y del oeste argentino.
Destete precoz en la ganadería de Mendoza
Durante una capacitación brindada en Malargüe sobre destete precoz, el especialista puso el foco en la necesidad de actualizar prácticas en ambientes complejos. Son sistemas que requieren decisiones estratégicas, sobre todo en cómo gestionar las reservas corporales de las vacas, explicó, subrayando la importancia de herramientas que permitan sostener la producción en escenarios adversos.
En ese contexto, el destete precoz aparece como una técnica clave. Consiste en separar al ternero de la madre entre los 30 y 90 días de vida, adelantando el proceso tradicional. Según Adrián Orozco, su implementación permite administrar mejor los recursos nutricionales disponibles, reducir el desgaste de la vaca y mejorar los índices reproductivos del rodeo. Cuando se aplica correctamente, esta práctica contribuye a estabilizar los sistemas de cría, incluso en años climáticamente difíciles.

La realidad de la ganadería mendocina.
Crecimiento de la ganadería en el secano
Otro aspecto central es la adaptación del ganado a las condiciones del secano. En este punto, Orozco destacó avances en genética y en el ajuste del tamaño metabólico de las vacas, lo que ha permitido mejorar la eficiencia en contextos de baja oferta forrajera. Hoy hay animales más adaptados a estas condiciones, con menores requerimientos energéticos.
A su vez, hizo hincapié en la gestión de la carga animal como factor determinante. “Muchas veces es preferible tener menos animales, pero lograr que todos se preñen”, afirmó, marcando una lógica productiva que prioriza la eficiencia por sobre el volumen.
