Estados Unidos abrió este lunes 24 de agosto un nuevo frente en la guerra contra Irán al poner en marcha la llamada “Operación Paria Económico”, una campaña de sanciones secundarias con la que pretende cortar las principales vías de financiación de Teherán y, sobre todo, obligar a terceros países a elegir entre mantener sus negocios con Irán o conservar el acceso al sistema financiero de EE. UU. La ofensiva llega cuando el conflicto se acerca a los seis meses, en medio de fallidos intentos de tregua: ¿logrará Washington someter a Irán por la vía financiera? ¿O estancará aún más la guerra?

La iniciativa anunciada por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, supone algo más que una nueva ronda de sanciones contra Irán.
Anunciada la semana pasada como el “Día D económico”, la ofensiva llega cuando el conflicto se acerca a los seis meses, los intentos de tregua no han conseguido consolidar un acuerdo y la presión militar parece haber entrado en una fase de estancamiento.
Estados Unidos ya mantiene desde hace décadas un amplio régimen de sanciones contra la República Islámica. Lo novedoso de esta ofensiva es el intento de cerrar los espacios que han permitido a Irán mantener conexiones económicas con el exterior pese a esas restricciones.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, presentó este lunes 24 de agosto la ahora denominada “Operación Paria Económico” como una campaña “sin precedentes” destinada a cortar “cada vía financiera” que sostiene al Gobierno iraní. El Tesoro ha comenzado así a sancionar a más de 60 entidades, personas y buques vinculados, entre otras actividades, con la obtención de ingresos petroleros, operaciones de transporte y adquisición de tecnología nuclear y de misiles.

